jueves, 2 de junio de 2011

Mi niño y el sol





¿Por qué el sol se oculta, mamá?
Porque tienes que dormir
¿Por qué está caliente el sol, mamá?
Porque tienes que existir...

Mi niño
02 de junio de 2011

viernes, 20 de mayo de 2011

Alimentación infantil

Transcribo a continuación un pequeño artículo de Victoria Schussheim sobre la alimentación de los niños. Es un texto divertido que nos muestra la importancia de la alimentación en nuestra formación. Muchos no estarán de acuerdo, pero yo comparto su opinión. Compartir la vida, coexistir en paz con otros, también pasa por el paladar. La enajenación de los sentidos a la que la industria de los alimentos procesados nos tiene acostumbrados es tan natural, que ya ni la notamos. Viene desde la cuna y penetra cada esfera de nuestras vidas. ¿Por qué no empezar a reconquistar nuestro paladar y a dar una mejor educación al de nuestros hijos? Además, admitámoslo, la comida casera siempre es más saludable, sabrosa y resulta más barata que la procesada. ¿O no?
Un breve comentario sobre la autora del artículo. Victoria Schussheim es antropóloga, y escritora. Ha publicado distintas obras sobre ciencia y escribe algunas columnas sobre diversos temas relacionados con la comunidad. A continuación les dejo el artículo y no olviden que espero sus comentarios.
Como complemento del artículo les presento una imagen digitalizada de un cuadro de Esteban Murillo. El cuadro se titula: Niños comiendo melón y uvas. Disfrútenlo.



La formación de un ciudadano.
Victoria Schussheim.
"Quiero empezar con una verdad incuestionable: a todos nos parece importantísimo formar buenos ciudadanos. ¿O no?
Pero no hay tanto acuerdo sobre la metodología a seguir para lograrlo.
La SEP pone clases de civismo, los padres campechanean caricias y cachetadas, el Congreso de la Unión nos receta unos mensajes más o menos contundentes, y el Consejo de la Publicidad nos da... claro, consejos, que a veces hasta se entienden.
Yo quiero aportar también lo mío a tan noble empeño. Creo que nadie llegará jamás a ser un ciudadano digno y meritorio, no por lo menos de este país, si no aprende desde la más tierna infancia a comer decentemente.
Quien no desarrolla un paladar aventurero no sólo se perderá de las mejores cosas de la vida, sino que tampoco llegará a tener una mente abierta a lo nuevo, desprejuiciada y audaz. No se puede amar a un prójimo cuya comida no se prueba, ni ser tolerante con lo novedoso cuando no se cata lo desconocido.
Si a uno le van dando por ahí de los tres o cuatro meses las primeras probaditas de alimento sólido y le acomodan las indecentes papillas industriales (la inevitable trilogía pediátrica de manzana, pera, plátano); si al siguiente mes tratan de que se trague, salidas directamente de un frasco, perfectamente esterilizado, eso sí, unas cucharaditas de zanahoria, calabaza o chícharos, y si treinta días más tarde empiezan con unas sustancias pastosas de olor y color indescriptible (del sabor no es posible empezar a hablar, siquiera), etiquetadas como pollo con vegetales, jamón o ternera, ¿de verdad esperamos que llegue algún día a ser una persona de bien? ¿Que un inocente de quien se aprovechan la madre, la mercadotecnia y los médicos responsables del cuidado de la infancia esté dispuesto, en un futuro no muy lejano, a ser un dechado de virtudes cívicas?
Hasta en el más capitalista de los supermercados de México se encuentran todos los días no menos de dos o tres variedades de plátanos, otras tantas de manzanas rojas, verdes y amarillas, y por lo menos dos de peras. No se diga ya si se va uno a un buen mercado, donde podrá escoger entre plátanos tabasco grandes como cachiporras, dominicos diminutos como dedos, plátanos manzanos, o morados (no se me olvidan los plátanos macho, claro, pero eso mejor que por ahora se los vaya comiendo bien fritos, con su azúcar y su crema, la mamá del angelito; no creo que entren en el cuadro básico de la pediatría nacional). Y vienen perfectamente esterilizados dentro de su envase. Pélese, ráspese con la pinta de la cucharita y adminístrese. Con todo su aroma, con el olor intenso del trópico, con una textura que en nada se parece a ese mucílago repugnante que sale de los frasquitos.
La pera y la manzana requieren elaboración previa, lo reconozco, pero es mínima: pelar, cortar, poner en un cacharro limpio con tantita agua y azúcar (si el pediatra es de la escuela más fundamentalista, sin azúcar, pues), cocer unos minutos, aplastar con el tenedor...¿Qué tiene de inquietante el procedimiento? Desde luego se tarda menos que en ir a comprar los méndigos frasquitos. (Ésta, claro, es una falacia, porque habrá tenido que ir a comprar la fruta. Pero tal vez, sólo por hoy, podamos dejarla pasar.)
Y más o menos eso es lo que tendrá que hacer con todo lo demás durante los siguientes meses.
Negocie la sal con el pediatra. Y negocie con él también la pimienta, que a su crío le encantará. El ajo, en cambio, no es negociable: tiene que prepararle el pollo y la ternera y el jamón cocido con ajo. Por mí, si le pone ajo a los ejotes, chayotes y calabazas, tanto mejor. Estará usted criando a un buen ciudadano y un amante de las verduras, todo al mismo tiempo.
Y, por supuesto, a partir del primer año (o si no le tiene demasiado miedo al médico, mucho antes) comience la verdadera formación ciudadana del bebé: una probadita de queso brie, tres hebritas de buen jamón serrano, una puntita de anchoa en salmuera. Para el mole negro, los acociles y los tacos sudados puede esperar. Pero, por favor, no vaya a esperar demasiado."

jueves, 12 de mayo de 2011

Perder un hijo

¿Por qué tienen qué morir los niños? ¿Por qué tenemos que enfrentarnos al dolor de perder a los niños? No hay nada más triste y desolador que la muerte de un niño, propio o ajeno. El día 10 de mayo quedará marcado para una querida amiga, puesto que es el día en el que perdió a su hijo. Estaba embarazada de 3 meses y desafortunadamente tuvo un aborto. Creo que todos compartimos su tristeza, aunque sabemos que su dolor es indescriptible.
Desde el punto de vista médico o biológico puede ser un suceso como cualquier otro, un niño no nacido es un feto. Pero todas las que hemos cargado un niño en las entrañas, sabemos que para nosotras ese ser existe y tiene un lugar en nuestra vida y en nuestro corazón desde el instante en que sentimos su presencia. Desde ese momento se convierte en nuestro hijo y nunca, nada, cambia ese hecho. No puedo hacer o decir nada que consuele a mi amiga o que pueda compensarle la pérdida. Sólo puedo hacer esta breve reflexión y compartir su dolor desde aquí.
Los invito a todos a elevar sus plegarias si son creyentes o a enviarle sus mensajes de ánimo a mi amiga a través de este blog. No les voy a decir quién es, aunque la mayoría de ustedes no la conocen y quienes la conocen sabrán de quién hablo. De cualquier manera, conocida o desconocida, vamos a acompañarla y a ayudarla a atravesar por este difícil período de prueba. Se vale que digan lo que quieran, menos que fue mejor así o que no estaba destinado a nacer, eso es cruel y poco delicado, por decir lo menos.
Mientras tanto quiero compartir esta poesía que leí en otro blog a propósito de una situación similar. Espero que su lectura traiga un poco de consuelo a tu corazón. Te dedico a tí, amiga mía, este mensaje y que sirva como una oración por el niño que acabamos de perder...

No llores si me amas,

¡ Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos;
los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso!
Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!
 
Texto:  Carmen Quintana

Niños inquietos

Algunos de ustedes me han comentado que cuando quieren escribir un comentario el sistema se los borra. Revisé la configuración del blog y cambié algunas cosas que espero que funcionen. A partir de hoy todos podrán dejar sus mensajes sin ningún problema (espero).

El día de ayer una amiga, madre de una pequeñita de 1 año y medio, me dejó el siguiente mensaje: "...respecto a lo que señalas de como entretener o distraer a un niño en un ambiente de adultos quisiera comentarte que precisamente en estos días sali con mi bebé de año y medio a un restaurant y me fue meramente imposible mantenerla en paz comiendo en su periquera, a pesar de los juguetes que le llevé para su distracción no hubo poder humano que la hiciera callar hasta que la baje e inspeccionó todo el lugar, tendrás alguna sugerencia que hacerme?"
Los lugares nuevos son para los niños siempre un campo fértil para la inspección. Necesitan ver, tocar y oler todo lo que hay alrededor. Familiarizarse con el sitio en pocas palabras. No es de extrañarse que muchos niños se pongan particularmente inquietos cuando los llevan a un lugar que no conocen. Desafortunadamente la mayoría de los lugares que visitamos como tiendas, restaurantes, centros comerciales y un largo etcétera, no son muy amigables que digamos con los niños. Pero independientemente de eso tengo varias sugerencias que hacerte:
1. Siempre que llegues a un lugar cerrado o semicerrado, como un restaurante, puedes permitir a la niña que explore el lugar durante algunos minutos, esto satisfará su curiosidad y te concederá un tiempo de gracia en el que ella estará tranquila y tu podrás ocuparte de otras cosas.
2. Si vas a ir a un restaurante, es importante que la niña tenga hambre en el momento de sentarla en la periquera. Si es el momento de comer y le ofreces algo que le agrada, con gusto aceptará tu proposición de sentarse y comer tranquila lo que le das.
3. Normalmente, los niños de menos de dos años, no tienen juguetes favoritos. Juegan durante un rato con los jueguetes pero después los dejan a un lado. Lo que quiero decir es que los niños pequeños son atraídos por la novedad. Aunque casi siempre los niños tienen algún juguete especial con el que juegan más que con ningún otro, novedad mata apego. Cuando pones a un niño en un lugar donde hay muchas cosas nuevas que ver y manipular, pues se le olvidará el gusto por su muñeco preferido y se lanzará a la aventura de lo novedoso. Lo que se puede hacer no es comprarle al niño un juguete nuevo cada vez que vamos a un sitio diferente, por supuesto. Puedes cargar con un juguete que hace tiempo que no veía y que solía gustarle. El juguete llamará su atención nuevamente y la niña estará entretenida durante algún tiempo. Puedes ofrecerle algún objeto no peligroso que cargues en la bolsa, la sonaja que se te quedó desde hace semanas, una mascada de colores, una revista que no te importa que rompa. También puedes proponerle un jueguito divertido con los juguetes que traigas. Enséñale cómo hacer ruidos interesantes con la sonaja, muéstrale un dibujo atrayente en la revista. Cántale una canción o trae a la hormiguita que vive en las axilas de los bebés. Eso la distraerá y te permitirá hacerla entrar en la situación en la que quieras que entre, como la de comer.
4. Si tu hija es de temperamento inquieto, pues ármate de paciencia y prueba todas estas cosas para saber cuál es la que funciona mejor. De cualquier manera, no esperes que la niña permanezca sentada por más de 15 o 20 minutos, en cuyo caso tendrás que echar mano de más de un recurso a la vez. Te deseo toda la suerte del mundo y un último consejo: no padezcas la inquietud de la niña, disfrútala y aprovéchala a tu favor. Recuerda que los momentos que pasamos con nuestros hijos son uno de nuestros grandes tesoros...

Imagen: Focaclipart
Texto: Carmen Quintana

martes, 10 de mayo de 2011

¿Discriminación?

En días pasados se publicaron en diferentes medios internacionales, dos anuncios que involucran elementos distintos pero que hacen referencia al mismo tema: la discriminación. Ambas son muestras de un mundo en el que la doble moral vuelve loca a la gente provocando reacciones extremas en ciertos sectores de la población. Por otro lado, mientras las sociedades más "avanzadas" se jactan de luchar por el respeto a los derechos humanos los dueños del dinero se aprovechan de la situación para seguir llenando sus arcas. Ambos casos representan posiciones extremas por parte de sectores que carcen de perspectiva en relación con los derechos por ignorancia en un caso y por ambición en el otro.
El primer caso es el siguiente: se trata de un anuncio africano de panecillos de chocolate cuya imagen aparece a continuación
La noticia apareció en el periódico el mundo de España y en ella se describe que este bebé es hijo de dos empleados de una importante franquicia internacional en Namibia. Al parecer los padres estaban encantados con la idea de que su hijo participe en la campaña publicitaria, pero en cuanto la publicidad del producto se difundió en Alemania, se levantó una ola de protestas porque los clientes consideran que el anuncio es "racista" y "pedófilo". Según la fuente hubo un grupo de personas que hasta los golpes llegaron por las diferencias de opinión suscitadas por el anuncio. Yo no veo la discriminación por ninguna parte. Que yo sepa no es nada nuevo que se utilice el color de la piel de las personas para identificarlo con distintos tipos de productos y nadie dice nada. Además, si los padres estaban contentos con la aparición de su bebé en la campaña ¿Cuál es el problema? 
El segundo caso tal vez amerita una reflexión más profunda, se trata de una nueva estrategia de ventas de Ryan Air, una de las líneas aéreas de bajo costo más populares en Europa. La noticia de esta estrategia fue publicada en varios periódicos y blogs españoles sobre paternidad y dice como sigue: 

"Ryanair creará vuelos "libres de niños" a partir de octubre, coincidiendo con la temporada de inverno, después de realizar una encuesta entre 1.000 pasajeros europeos en la que más de la mitad aseguraba que pagarían tarifas más altas por evitar volar con los niños de otras personas".

Una familia, con niños, hace cola frente a los mostradores 
de Ryanair en el aeropuerto de Girona. Agustí Ensesa 

 ¿Entonces también van a hacer vuelos especiales para familias con niños? Digo, si de adecuarse a las necesidades del cliente se trata, pues entonces también debería haber vuelos para padres con niños de distintas edades. 
 Estoy de acuerdo en que hay muchos niños que son especialmente "turbulentos" y difíciles de controlar (sin hablar de que muchos padres no saben cómo controlarlos). Pero imagínense lo que debe ser para un niño hasta los 12 años hacer un viaje de varias horas en avión. El viaje incluye una larga espera en salas que no proporcionan ninguna posibilidad de diversión. Posteriormente, es necesario montar en una caja cerrada, mal ventilada, con vista escasa al exterior, sin espacio ni siquiera para el movimiento natural del cuerpo, ya no digamos para el desplazamiento. No hay nada qué hacer que no sea ver las películas que pasan en las pantallas (que existen por cierto, sólo en los vuelos de 5 horas o más) y no es posible verlas cómodamente porque el ruido de los motores del avión hace que tenga que subirse mucho el volumen para escuchar la película. Si pensamos en que los padres deben llevar consigo juguetes, libros, aparatos de reproducción y otros tipos de objetos y aparatos para entretener al niño, nos damos cuenta de que esta tarea se vuelve complicada debido a las políticas cada vez más restrictivas de las líneas aéreas. Si por ellos fuera nos despojarían incluso de la ropa y nos montarían como ganado en los aviones (que no falta mucho para eso).
Dadas estas condiciones (y todas las que me faltó mencionar) ¿Cómo quieren que los niños viajen tranquilos? A los niños les gusta jugar, cantar, saltar, reírse, es su naturaleza.  Debemos educarlos y disciplinarlos, de acuerdo, pero no me podrán negar que meter a un niño en una caja llega de adultos que no hablan, apenas se mueven y no sonríen, debe ser lo más difícil de soportar para un niño. Esto nos da pie para reflexionar acerca de los niños que no se adaptan a muchos ambientes ¿Será porque la mayoría de los ambientes son poco amigables para los niños? Esto lo platicamos en otra oportunidad.
Se los dejo para que reflexionen. Disculpen que tardara tanto en publicar una nueva entrada, pero el tiempo escasea. Haré lo posible por publicar más seguido. Les agradezco sus comentarios.